martes, 4 de enero de 2011

Las botas


"Pintada, no vacía, pintada está mi casa
del color de las grandes pasiones y desgracias"

lunes, 13 de diciembre de 2010

Abandonándome al abandono



... me encontré con un bandoneón abandonado

viernes, 10 de diciembre de 2010

El hombre del último minuto

Yo soy el hombre del último minuto

ese que se estrella contra tus labios antes de que se escape el día

ese que corre por la calle con el corazón en la boca

ese que traga saliva cuando la noche se transforma en una ciudad llena de puertas


Llegaré tarde a la cita
pero llegaré


tarde

Lo he dicho todo
No puedo decir más

Yo soy el hombre del último minuto
y una flor sangrienta humedece mis contornos


Antes de que puedas decir: "Este chico no llegará nunca a su hora"

Yo estaré allí

al lado de tu casa
junto a tu balcón
tras la tapia
espiando la vida

imitando a la lluvia


porque yo soy el hombre del último minuto

sin dejar de observar
sin bajar nunca del barco
sin un penique que llevarme a la boca

ese que bucea perdido en la inmensidad de lo minucioso
para después acelerar y acelerar y acelerar
sin descanso

Mírame
amor

soy todo lo que soy gracias a tu culpa
a tus nervios verdes y elásticos
a las curvas de tus bellas espirales oceánicas
y a la copiosa aceleración de tus partículas

No he hecho otra cosa
que lo que tu has querido

en cada momento

He sido dulce cuando buscabas alguien intrépido
He sido salvaje cuando querías alguien silencioso

fiel a ti mismo

guardé mi puñal bajo la almohada
y humedecí mis labios con tu poderoso veneno

cada vez que tus hermanos penetraban en la habitación con alaridos
y golpes de factura

Yo susurraba canciones de guerra al telefonillo


Apagaba la servidumbre

limpiaba los precipicios

exprimía la mugre


calculando mi lógico discurso con ristras de ojos y demencia


Pero tu has sido muy generosa conmigo

calculando mi inconsciente trayecto de ondas vespertinas
definiendo mis pasos de aire
y contubernio

en la sombra


No he escuchado el bombo de la derrota
cuando los marineros tomaban el barco

Ni me he dejado embaucar por las sibilinas notas de la victoria
cuando los trepadores mancillaban el nombre
de todas las cosas vivas

He permanecido
siempre fiel

temblando de miedo

Y ahora yazco aquí
junto a la tierra
acurrucado
sin haberme despegado de ti un sólo instante

Con la máscara llena de sangre
con el piano lleno de perros hambrientos
destrozando las cuerdas del pacto

Las palabras que tu me entregaste generosamente
yo las cosí a mi espalda
una a una
y cargué con ellas

para cuando llegará el viento
soltar todas mis tribulaciones al aire

para que la habitación quede vacía cuando arribe el olvido


trabajaré

y así
ese huésped maravilloso podrá tomar la estancia
plácidamente

cuando yo terminé mi labor


Los animales de la noche se refugian en mi vientre
buscando amparo
y una mano de ternura que defina sus perfiles

Yo los acojo

Los animales de la noche escarban en mi cabeza
buscando una madriguera y víctimas
que les proporcionen alimento sagrado

Yo los alimento

Hasta el último minuto

lunes, 29 de noviembre de 2010

Monetizar la configuración de las estadísticas para comprarse un coche nuevo a pesar de la teología rosa

Dicen que ya no escribes, que no encuentras estimulante el sonido de las hojas agrietadas cruzando tu mente devastada por el polvo.

Dicen que ya no bebes, que no te divierte hundir tu cerebro en gasolina por las noches.

Incluso dicen que ya no lees, que las torpes curvas de los otros no tocan tu segmento de tedio y salitre.

Dicen tantas cosas.

Los periódicos hablan de elecciones anticipadas, de paro, de embrutecimiento carnal.
De violencia generacional, de leyes antigravitatorias, de visitas milagrosas, de filtraciones informativas, de la subida del chicle.

Pero tu no dices nada. Como si en la vastedad de tu silencio cerrado cupiesen todas las cosas que tu silencio toca cuando callas.

Como si todas esas cosas no fueran contigo. Como si tu vivieses lejos. En otro lugar. Que no existe y que ni tan siquiera tu te empeñas en confirmar tras tu silencio.

Mientras, tu presente te trabaja con orfebre de paciencia. Y todo es fatigoso y largo. Y es mejor postergar los días. Y que los días caigan como días del mismo almanaque ficticio que lo componen.

Has comprendido que tampoco hoy, las palabras vendrán en tu auxilio.

Y es mejor así, creeme.

miércoles, 24 de noviembre de 2010

La máscara de mis deseos

Soy un adicto. Un cartabón silencioso. Un peatón inconcluso.

Y observo la lluvia.

y palpo el cristal y el azul de la madrugada penetra mi piel como un fármaco poderoso.

Y mis pupilas se dilatan y mi corazón se convierte en un delicado anillo de humo.

Y me basta escuchar el latido de la tierra girar sobre su eje

para derramar mi existencia sobre la gran noche

viernes, 19 de noviembre de 2010

Trayecto


Un hombre compra un billete para ir a Buenos Aires. Comprueba que su vagón es el número tres, toma su correspondiente asiento y durante el transcurso del viaje decide echar una cabezadita. Para cuando por fin el tren se detiene en Buenos Aires, el hombre duerme. Sin embargo, el tren reinicia su marcha. Llega a Lima, donde sólo algunos pasajeros descienden. Atravesada la cordillera de los Andes sin mayores complicaciones, el tren continua su rumbo hacia el norte, cruzando el estrecho de Panamá, pero antes pasará por la estación de la ciudad de Bogotá. Es entonces cuando alguien sacude levemente al hombre que sueña.

- Buen hombre, Bogotá.- Le advierte una mujer con toda su buena intención.

El hombre, consternado, balbucea:

- Ya es demasiado tarde.- Y continua durmiendo.